El episodio recorre la historia de la polenta y del maíz en Europa, partiendo del primer testimonio visual de este cereal en los frescos de Villa Emo, realizados en 1565. Inicialmente considerado una curiosidad exótica o un alimento para animales, el maíz se difundió únicamente después de graves hambrunas, sustituyendo cereales más modestos como el mijo y el panizo. La narración pone de relieve la profunda brecha social entre el consumo de pan blanco en los centros urbanos y la polenta de las comunidades campesinas, subrayando cómo esta última se convirtió en un alimento básico de subsistencia, pero también en una fuente de riesgos para la salud. De hecho, la falta de conocimientos sobre el adecuado procesamiento del maíz favoreció la propagación de la pelagra, una enfermedad que solo fue erradicada en el siglo pasado gracias a la suplementación vitamínica. Hoy en día, la polenta ha perdido su antigua connotación humilde para convertirse en un producto gastronómico de excelencia, con variedades selectas como el maíz Biancoperla, preservadas por su valor histórico y cultural.
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