A principios de los noventa, cuando el rock mexicano buscaba una nueva voz tras la resaca ochentera, desde Guadalajara emergió una banda que no quería sermonear ni predicar... quería reírse, escupir, sudar y sonar fuerte. Se hacían llamar Cuca, y su debut, La Invasión de los Blátidos, llegó en 1992 como una bomba de irreverencia, guitarras sucias y sarcasmo corrosivo.