Las luces del escenario bañaron el auditorio con un resplandor casi sagrado. Era 19 de febrero de 1996, y en el centro de los Brit Awards, Michael Jackson interpretó Earth Song como si se tratara de una ceremonia de redención: brazos abiertos, mirada elevada, un coro de niños vestidos de blanco y una escenografía que rozó lo mesiánico. El espectáculo avanzó hacia su clímax envuelto en aplausos y reverencia.