Redes sociales, portales, correo electrónico, sistemas operativos, aplicaciones, fotos, videos, audios. Todo lo que hacemos, en el ejercicio de nuestra ciudadanía digital, viene con letra chica. Esos choclos enormes que generalmente scrolleamos hasta llegar al “ok” o “aceptar”. La inmediatez y las ganas (o necesidad) de echarnos a andar nos llevan a firmar un cheque en blanco.