Desde sus inicios, el boxeo se ha nutrido principalmente de jóvenes procedentes de guetos, barrios y suburbios en los que escaseaban las oportunidades de conseguir un
progreso sin salirse de la ley. Por eso ha sido históricamente el deporte más sensible a cualquier cambio social o demográfico. Eso explica la extraordinaria eclosión de boxeadores judíos, especialmente a partir de los años veinte. Un período en el que los emigrantes judíos en Estados Unidos acabarían convirtiéndose en el grupo étnico con mayor número de boxeadores profesionales, aportando a la historia grandísimos campeones mundiales. Del gran Benny Leonard a Jackie Fields, de Abe Attell al inimitable Barney Ross. Un fenómeno muy llamativo, aunque también por razones sociológicas, relativamente corto en el tiempo. De la misma manera que fácilmente identificamos a irlandeses e italianos con el boxeo profesional de principios del siglo XX, el importante predominio de boxeadores judíos es un fenómeno muy poco destacado y que a menudo causa extrañeza.Y sobre todo muy poco conocido, incluso dentro de la propia historiografía judía. Hoy nos centraremos en los orígenes sociológicos de este curioso fenómeno y nos centraremos en las primeras grandes figuras del boxeo estadounidense de principios de siglo XX.
Corte 1: “Jerusalem, New York, Berlin” Vampire Weekend
Corte 2: “Better”, Regina Spektore
Corte 3: “Government Centre”, Jonathan Richman and the Modern Lovers