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De todo lo que está en el agua, de estos podréis comer: todo lo que tiene aleta y escama. Mas todo lo que no tiene aleta y escama, no comeréis; inmundo será.
Deuteronomio 14:9-10
Buen alimento espiritual
Las leyes alimenticias de Israel con respecto a los animales acuáticos contienen una valiosa lección moral para nosotros. Los israelitas podían comer cualquier pez que tuviera aletas y escamas.
Las aletas, que proporcionan propulsión y estabilidad, resultan especialmente útiles para nadar contra la corriente y mantenerse estables en situaciones turbulentas. El significado moral es que debemos alimentarnos de aquello que fomenta nuestro crecimiento en la fe y la sana doctrina, evitando ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina” (Ef. 4:14). Este alimento nos fortalecerá y nos incentivará a orar, a pedir “con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Stg. 1:6). Las aletas también nos sugieren la importancia tener estabilidad para avanzar en la fe.
Las escamas nos hacen meditar en la protección de nuestro entorno. Como dijo el Señor Jesús: “Ya no estoy en el mundo; mas estos (los creyentes) están en el mundo” (Jn. 17:11). Además, “sabemos que… el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Por lo tanto, el alimento con el que nutrimos nuestras almas debe fortalecernos en la fe, de tal manera que se pueda afirmar de nosotros: “Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (1 Jn. 2:14). Además, este alimento deberá enseñarnos a tomar “el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Ef. 6:16).
Debemos nutrirnos con aquello que nos proporcione crecimiento, estabilidad y fuerza en la fe. Cualquier otro tipo de alimento nos debilitará y debe ser considerado impuro para nosotros. Un buen alimento espiritual fortalecerá nuestra fe en el Señor Jesús.
Alexandre Leclerc
By Granos de VidaDe todo lo que está en el agua, de estos podréis comer: todo lo que tiene aleta y escama. Mas todo lo que no tiene aleta y escama, no comeréis; inmundo será.
Deuteronomio 14:9-10
Buen alimento espiritual
Las leyes alimenticias de Israel con respecto a los animales acuáticos contienen una valiosa lección moral para nosotros. Los israelitas podían comer cualquier pez que tuviera aletas y escamas.
Las aletas, que proporcionan propulsión y estabilidad, resultan especialmente útiles para nadar contra la corriente y mantenerse estables en situaciones turbulentas. El significado moral es que debemos alimentarnos de aquello que fomenta nuestro crecimiento en la fe y la sana doctrina, evitando ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina” (Ef. 4:14). Este alimento nos fortalecerá y nos incentivará a orar, a pedir “con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Stg. 1:6). Las aletas también nos sugieren la importancia tener estabilidad para avanzar en la fe.
Las escamas nos hacen meditar en la protección de nuestro entorno. Como dijo el Señor Jesús: “Ya no estoy en el mundo; mas estos (los creyentes) están en el mundo” (Jn. 17:11). Además, “sabemos que… el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Por lo tanto, el alimento con el que nutrimos nuestras almas debe fortalecernos en la fe, de tal manera que se pueda afirmar de nosotros: “Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (1 Jn. 2:14). Además, este alimento deberá enseñarnos a tomar “el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Ef. 6:16).
Debemos nutrirnos con aquello que nos proporcione crecimiento, estabilidad y fuerza en la fe. Cualquier otro tipo de alimento nos debilitará y debe ser considerado impuro para nosotros. Un buen alimento espiritual fortalecerá nuestra fe en el Señor Jesús.
Alexandre Leclerc