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JUEVES III PASCUA
San Juan 6,44-51
Leer los signos de los tiempos
Cuando se ama de verdad, el cariño termina notándose hacia dentro y hacia fuera, y eso es lo que sigue ocurriendo. Es verdad que hay mucha gente que ve las cosas que suceden a su alrededor, y lee los signos de los tiempos, pero sin terminar de comprenderlos, y necesita, como aquel eunuco, del que nos habla la Escritura, alguien que se los interprete. Algo hay que es fundamental para entender todas estas cosas en su justa medida: tener sencillez de corazón (aquel eunuco que, curiosamente, era un hombre un cortesano, un funcionario del estado, la tenía), y tener disposición para aprender (aquel hombre sencillo pide que le expliquen las cosas). Con sencillez y aprendiendo, el eunuco quedaría deslumbrado con las palabras de Felipe que desplegarían en su horizonte un panorama como hasta el momento no había podido imaginar. Le había cambiado la vida en una conversación, y empezó a urgirle la impaciencia de que aquello no quedara en agua de borrajas. “¿Qué dificultad hay en que me bautice?” Y aquel hombre nace de nuevo, esta vez a la fe. Felipe desaparece, porque es tan solo un instrumento de Dios para obrar el milagro, pero es que en determinado momento ya no haced falta más: ha prendido el fuego.
Hay mucho fuego ardiendo actualmente en muchos sitios. Y parece que, aunque tengamos la tentación de ser derrotistas y pensar que esto es flor de un día, no es así. Dios se vale de todo.
“No tengáis miedo”, decía Jesús. Todo puede estar agitado, todo puede parecer tambalearse, pero el Espíritu sopla y prende fuego. ¿Y quién puede detenerlo? Hay muchas cosas que empezaron hace ya mucho tiempo, cuando un ángel le pidió a una adolescente permiso para que todo un Dios morara entre los hombres, pero desde entonces muchos hombres y mujeres han sabido ser sencillos y aprender, como el eunuco, y como no han tenido miedo y han sabido apostar fuerte, han dicho: “¿qué inconveniente hay en que me bautice, en darme cuenta de que soy hijo de Dios?”
Los hombres que facilitan las cosas, aparentemente pasan, aunque dejan la huella que no es suya, porque es la huella de Dios, pero es que después el camino de los que se han encontrado con ellos ya no es el mismo. Y el horizonte se vuelve, como el del eunuco, deslumbrante. Como el nuestro … que seguimos siendo guiados por la mano amorosa de la Virgen.
By Ermita Virgen del Puerto Madrid RíoJUEVES III PASCUA
San Juan 6,44-51
Leer los signos de los tiempos
Cuando se ama de verdad, el cariño termina notándose hacia dentro y hacia fuera, y eso es lo que sigue ocurriendo. Es verdad que hay mucha gente que ve las cosas que suceden a su alrededor, y lee los signos de los tiempos, pero sin terminar de comprenderlos, y necesita, como aquel eunuco, del que nos habla la Escritura, alguien que se los interprete. Algo hay que es fundamental para entender todas estas cosas en su justa medida: tener sencillez de corazón (aquel eunuco que, curiosamente, era un hombre un cortesano, un funcionario del estado, la tenía), y tener disposición para aprender (aquel hombre sencillo pide que le expliquen las cosas). Con sencillez y aprendiendo, el eunuco quedaría deslumbrado con las palabras de Felipe que desplegarían en su horizonte un panorama como hasta el momento no había podido imaginar. Le había cambiado la vida en una conversación, y empezó a urgirle la impaciencia de que aquello no quedara en agua de borrajas. “¿Qué dificultad hay en que me bautice?” Y aquel hombre nace de nuevo, esta vez a la fe. Felipe desaparece, porque es tan solo un instrumento de Dios para obrar el milagro, pero es que en determinado momento ya no haced falta más: ha prendido el fuego.
Hay mucho fuego ardiendo actualmente en muchos sitios. Y parece que, aunque tengamos la tentación de ser derrotistas y pensar que esto es flor de un día, no es así. Dios se vale de todo.
“No tengáis miedo”, decía Jesús. Todo puede estar agitado, todo puede parecer tambalearse, pero el Espíritu sopla y prende fuego. ¿Y quién puede detenerlo? Hay muchas cosas que empezaron hace ya mucho tiempo, cuando un ángel le pidió a una adolescente permiso para que todo un Dios morara entre los hombres, pero desde entonces muchos hombres y mujeres han sabido ser sencillos y aprender, como el eunuco, y como no han tenido miedo y han sabido apostar fuerte, han dicho: “¿qué inconveniente hay en que me bautice, en darme cuenta de que soy hijo de Dios?”
Los hombres que facilitan las cosas, aparentemente pasan, aunque dejan la huella que no es suya, porque es la huella de Dios, pero es que después el camino de los que se han encontrado con ellos ya no es el mismo. Y el horizonte se vuelve, como el del eunuco, deslumbrante. Como el nuestro … que seguimos siendo guiados por la mano amorosa de la Virgen.