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JUEVES IV PASCUA
30 DE ABRIL
San Juan 13, 16-20
La virtud de lafortaleza
“Hermanos, si queréis exhortar alpueblo, hablad”. Existen diversidad de formas de hablar, y nuestra condición decristianos nos ayuda a que sea (¡en tantas ocasiones!) el propio Espíritu Santoquien hable en nuestro lugar. Los que por naturaleza somos un tanto “quejicas”ante el menor sufrimiento físico, nos admira ver a esos hombres y mujeres que,con gallardía, llevan adelante su enfermedad, también con sentidosobrenatural.
“Juan predicó a todo Israel unbautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: ‘Yo no soyquien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle lassandalias’.” Sublime manera de hablar san Pablo acerca de aquél que pococonoció, pero que debió impresionarle profundamente. ¿Qué es lo que quedógrabado en el apóstol de los gentiles de la figura del Bautista: ¿que suhumildad y su abandono en Dios eran fruto de una vida que nunca tuvo enpropiedad (“cuando estaba para acabar su vida”), sino que pertenecíaexclusivamente a su Señor? Semejante desprendimiento resulta una “bofetada”para los que, con remilgos, buscamos justificarnos porque aún no hemos obtenidoel antojo pertinente.
Mirar a estos personajes escontemplar el mismo rostro de Cristo que, desde el Huerto de los Olivos hastasu muerte en la Cruz, nos interroga acerca de nuestras preocupaciones. ¿Serápara tanto? … siempre habrá alguien que sufra mucho más que tú y que yo…y dé gracias a Dios por ello.
“El que recibe a mi enviado merecibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado”. ¿Nunca noshemos parado a pensar que alguien que llora o sufre con sentido cristiano (oquizás sonría por no hacerte sufrir a ti), desde el lecho de su enfermedad, setransforma en verdadero apóstol de Cristo? … ¿Con qué “instrumentos de guerra”nos enfrentamos ante el mundo!
Esas mismas armas las conocíaMaría, la Madre de Jesús: “¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!” …Clarificadoras palabras de Simeón, mientras bendecía a la Virgen y a José, sumarido.
By Ermita Virgen del Puerto Madrid RíoJUEVES IV PASCUA
30 DE ABRIL
San Juan 13, 16-20
La virtud de lafortaleza
“Hermanos, si queréis exhortar alpueblo, hablad”. Existen diversidad de formas de hablar, y nuestra condición decristianos nos ayuda a que sea (¡en tantas ocasiones!) el propio Espíritu Santoquien hable en nuestro lugar. Los que por naturaleza somos un tanto “quejicas”ante el menor sufrimiento físico, nos admira ver a esos hombres y mujeres que,con gallardía, llevan adelante su enfermedad, también con sentidosobrenatural.
“Juan predicó a todo Israel unbautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: ‘Yo no soyquien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle lassandalias’.” Sublime manera de hablar san Pablo acerca de aquél que pococonoció, pero que debió impresionarle profundamente. ¿Qué es lo que quedógrabado en el apóstol de los gentiles de la figura del Bautista: ¿que suhumildad y su abandono en Dios eran fruto de una vida que nunca tuvo enpropiedad (“cuando estaba para acabar su vida”), sino que pertenecíaexclusivamente a su Señor? Semejante desprendimiento resulta una “bofetada”para los que, con remilgos, buscamos justificarnos porque aún no hemos obtenidoel antojo pertinente.
Mirar a estos personajes escontemplar el mismo rostro de Cristo que, desde el Huerto de los Olivos hastasu muerte en la Cruz, nos interroga acerca de nuestras preocupaciones. ¿Serápara tanto? … siempre habrá alguien que sufra mucho más que tú y que yo…y dé gracias a Dios por ello.
“El que recibe a mi enviado merecibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado”. ¿Nunca noshemos parado a pensar que alguien que llora o sufre con sentido cristiano (oquizás sonría por no hacerte sufrir a ti), desde el lecho de su enfermedad, setransforma en verdadero apóstol de Cristo? … ¿Con qué “instrumentos de guerra”nos enfrentamos ante el mundo!
Esas mismas armas las conocíaMaría, la Madre de Jesús: “¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!” …Clarificadoras palabras de Simeón, mientras bendecía a la Virgen y a José, sumarido.