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JUEVES V PASCUA
7 DE MAYO
San Juan 15, 9-11
La Iglesia no es caprichosa
Cuando la Iglesia se expande y la predicación, principalmente a través de San
Pablo, llega a los gentiles muchos se preguntan si no se tendría que exigir a estos
que se circuncidaran. Era este un signo importante en la tradición judía. Para dirimir
la cuestión se reúnen los apóstoles en Jerusalén. Sería hacia el año cincuenta y
algunos lo denominan el primer concilio de la Iglesia.
Allí se determinó que no se podía imponer la circuncisión a los paganos. Pero
fijémonos en el argumento que utiliza Pedro: “Desde los primeros días Dios me
escogió para que los gentiles oyeran de mi boca el mensaje del Evangelio, y
creyeran. Y Dios que penetra los corazones, mostró su aprobación dándoles el
Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues
ha purificado sus corazones con la fe”.
Lo que nos llama la atención en este modo de argumentar es la certeza que tiene el
apóstol de que los gentiles, no circuncidados, han recibido el Espíritu Santo. ¿Cómo
lo sabe Pedro? Lo sabe porque percibe los efectos de la gracia. No es algo
ideológico, sino que Dios le muestra cómo actúa la gracia también entre los no
judíos, porque la salvación viene por la fe. En la misma idea abundan Pablo y
Bernabé al señalar los prodigios que Dios, mediante ellos, ha obrado entre los
gentiles.
Las enseñanzas de la Iglesia en los temas fundamentales se basan en lo recibido
por Jesucristo, pero Dios, en su bondad, permite corroborar con signos la certeza
de dichas enseñanzas. Esto no debemos olvidarlo nunca.
A menudo, desde fuera, parece como si la Iglesia fuera caprichosa al prescribir unas
normas o predicar una enseñanza. Se olvida que la Iglesia cada día cuenta los
resultados de su acción en el mundo y, asistida por el Espíritu Santo, lee en ellos la
acción de la gracia. La vida de la Iglesia es conforme a su doctrina. Esto es válido
en todos los campos: desde la praxis sacramental hasta la enseñanza moral o las
mismas normas disciplinares. No todo tiene el mismo valor, pero en todo la Iglesia
actúa según las enseñanzas de Jesús y su comprobación en la historia. Así, por
ejemplo, al final del texto de hoy se señalan algunas normas que después serían
abolidas (no comer carne de animales ahogados…). Sin embargo, nunca se podrá
cambiar la afirmación rotunda y definitiva de que “nos salvamos por la gracia del
Señor Jesús”.Una vez más nos unimos a la Virgen. Siendo fieles como ella, obtendremos la
alegría y la paz.
By Ermita Virgen del Puerto Madrid RíoJUEVES V PASCUA
7 DE MAYO
San Juan 15, 9-11
La Iglesia no es caprichosa
Cuando la Iglesia se expande y la predicación, principalmente a través de San
Pablo, llega a los gentiles muchos se preguntan si no se tendría que exigir a estos
que se circuncidaran. Era este un signo importante en la tradición judía. Para dirimir
la cuestión se reúnen los apóstoles en Jerusalén. Sería hacia el año cincuenta y
algunos lo denominan el primer concilio de la Iglesia.
Allí se determinó que no se podía imponer la circuncisión a los paganos. Pero
fijémonos en el argumento que utiliza Pedro: “Desde los primeros días Dios me
escogió para que los gentiles oyeran de mi boca el mensaje del Evangelio, y
creyeran. Y Dios que penetra los corazones, mostró su aprobación dándoles el
Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues
ha purificado sus corazones con la fe”.
Lo que nos llama la atención en este modo de argumentar es la certeza que tiene el
apóstol de que los gentiles, no circuncidados, han recibido el Espíritu Santo. ¿Cómo
lo sabe Pedro? Lo sabe porque percibe los efectos de la gracia. No es algo
ideológico, sino que Dios le muestra cómo actúa la gracia también entre los no
judíos, porque la salvación viene por la fe. En la misma idea abundan Pablo y
Bernabé al señalar los prodigios que Dios, mediante ellos, ha obrado entre los
gentiles.
Las enseñanzas de la Iglesia en los temas fundamentales se basan en lo recibido
por Jesucristo, pero Dios, en su bondad, permite corroborar con signos la certeza
de dichas enseñanzas. Esto no debemos olvidarlo nunca.
A menudo, desde fuera, parece como si la Iglesia fuera caprichosa al prescribir unas
normas o predicar una enseñanza. Se olvida que la Iglesia cada día cuenta los
resultados de su acción en el mundo y, asistida por el Espíritu Santo, lee en ellos la
acción de la gracia. La vida de la Iglesia es conforme a su doctrina. Esto es válido
en todos los campos: desde la praxis sacramental hasta la enseñanza moral o las
mismas normas disciplinares. No todo tiene el mismo valor, pero en todo la Iglesia
actúa según las enseñanzas de Jesús y su comprobación en la historia. Así, por
ejemplo, al final del texto de hoy se señalan algunas normas que después serían
abolidas (no comer carne de animales ahogados…). Sin embargo, nunca se podrá
cambiar la afirmación rotunda y definitiva de que “nos salvamos por la gracia del
Señor Jesús”.Una vez más nos unimos a la Virgen. Siendo fieles como ella, obtendremos la
alegría y la paz.