Yo, te recibo a ti, como esposa y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida hasta que la muerte nos separe.
La fidelidad entonces que Dios nos pide al hacer esta profunda y poderosa promesa se trata de mantenernos firmes en la prueba y la tentación a partir de acciones, intenciones, pensamientos y sacrificios constantes.