"Pedro Egaña llevaba en paro dos años, su mujer
había dejado de quererle y no tenía un solo amigo que mereciera ese nombre. Parece el anuncio de un Volkswagen Golf de los noventa, pero era la vida corriente que le había tocado en suerte. Además, su Citroën Xsara de nueve años le había dejado tirado ya dos veces. Ni siquiera tenía un coche en el que confiar.
En realidad, acababa de encontrar un trabajo y cabría
pensar que las cosas se estaban arreglando. No era así.
En ese momento escribía desde la mesa en la que llevaba
sentado un mes como un niño bueno y de la que no se
levantaba más que para ir a mear. Escribía para escapar
de aquella oficina alienante y hostil en la que estaba para
resolver asuntos inútiles que le importaban un bledo. Escribía para no amodorrarse del todo. Para sobrevivir, como
había hecho siempre". Así comienza “El oso Ondo” de Alejandro Fernández Aldasoro, editado por Txertoa.
'El oso Ondo' supone el regreso a la novela de quien se considera superviviente tras más de 20 años de actividad como redactor creativo en distintas agencias de publicidad. “Tiene su mérito ejercer durante tanto tiempo el papel de bufón” - asegura.