Se conocen verrugas de diferentes formas y tamaños. La mayoría son benignas y se van como han aparecido, por sí solas. Sin embargo, otras dan mucha guerra y no desaparecen sin un tratamiento. En la sociedad tradicional, para curar las verrugas se ha recurrido tanto a técnicas empíricas como de naturaleza mágica, técnicas que hemos desgranado en un nuevo capítulo del Atlas Etnográfico de Vasconia con Ziortza Artabe, de Labayru Fundazioa.
En castellano la denominación más usual es “verruga” pero en euskera se han constatado diferentes siguientes voces para designarlas: uno de los nombres más utilizado ha sido garitxa o kalitxa; utilizado prácticamente en todo el territorio. En Abadiño, Durango, Lemoiz, Orozco u Oñati se ha recogido el término garia; en Ermua, Elgoibar o Zumaia enorra; y en Zuberoa marrüka.
Una de las prácticas más extendidas en Euskal Herria consistía en frotar las verrugas con leche de higo verde aunque con variaciones en la aplicación: en algunos lugares aplicaban la leche sobre la verruga después de que la hubieran perforado con una aguja.; el jugo ennegrecía la verruga y la quemaba. Había quienes después de realizar la impregnación lechosa, enterraban el higo bajo la higuera con la creencia de que, cuando se secara el higo, lo mismo le ocurriría a la verruga.
Otras prácticas populares buscan la desaparición de las verrugas mediante la destrucción de elementos -granos de sal, granos de cereal, hierbas u hojas- que las representan bien por su similitud o bien por el contacto físico con ellas: En Agurain, por ejemplo, se depositaban en una bolsa tantos granos de sal como verrugas se tuvieran. Según se iba caminando había que tirar la bolsa hacia atrás, y sin volver la vista se continuaba la marcha tomando la precaución de no volver a pasar por el mismo recorrido.