*** Fotografías pertenecientes al Fondo Felipe Manterola. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.
La vida de una familia tradicional vasca transcurría en la casa y sus alrededores. A su vez, la casa estaba integrada en la comunidad formada por el conjunto de casas vecinas. Pero el ser vecinos no se entendía únicamente como vivir cerca el uno del otro. Las relaciones vecinales y el derecho y las instituciones consuetudinarias son temas extensos y complejos que, de hecho, darían para todo un tomo de Atlas Etnográfico de Vasconia.
El relato de Jaione Bilbao, de Labayru Fundazioa, ha comenzado con la explicación de quien era considerado/a como el primer vecino o la primera vecina: En algunos lugares se les llamaba primeros vecinos a los que habitaban la casa más próxima a mano derecha en dirección a la iglesia o a los que habitaban la casa más próxima situada en el camino por el que se llevaban los muertos a la iglesia. Con esos "primeros vecinos" se mantenía una relación especial y eran los primeros en prestar ayuda en los momentos de necesidad. Sirva como ejemplo que, a las dos o tres semanas del nacimiento de un hijo o hija, cuando la madre estaba recuperado del parto se celebraba el rito de entrada en la iglesia, y era frecuente que a la madre de la criatura le acompañara la primera vecina. En el caso de enfermedades graves, también era el primer vecino el que avisaba al médico y al cura para la administración de los últimos sacramentos.
Los vínculos de vecindad se manifestaban también en las colaboraciones entre casas vecinas. Eran trabajos que se hacían a trueque o lo que popularmente conocemos como ‘hoy por ti y mañana por mí’. En algunas localidades navarras se les decía trabajos ‘a tornapeón’; ordeak en euskera. Uno de los capítulos que más nos sorprende del relato de Jaione Bilbao es el relativo a las "Prestaciones materiales entre vecinos": Se trata de prestaciones mutuas o manifestaciones de solidaridad entre vecinos en forma de préstamos materiales, conocidos como 'lorrak' en euskera.
Por ejemplo: si un pastor perdía su rebaño víctima de alguna epidemia, solicitaba a cada uno de sus vecinos pastores una oveja y estos se la entregaban inmediatamente; o cuando el estiércol faltaba en un caserío, cada caserío del vecindario le aportaba una carretilla cargada de estiércol; y si una familia perdía su casa en un incendio, recibía un tronco o un árbol de cada uno de sus convecinos para que la reconstruyera. A cambio, el vecino que recibía la ayuda de sus convecinos les correspondía con una pequeña merienda o una cena.