Enfermos de cáncer, personas con Alzheimer o daño cerebral adquirido, niños con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, personas con Trastornos del Espectro Autista (TEA)… Estos son solo algunos de los colectivos que pueden llegar a obtener beneficios terapéuticos (a nivel cognitivo, físico y socioemocional) a través de la MUSICOTERAPIA.
Estamos ante una disciplina que, a juicio del musicoterapeuta Carles Pérez, no se conoce en toda su dimensión y mucho menos en su vertiente clínica: "Es muy importante diferenciar entre una actividad musical y la Musicoterapia, sobre todo cuando es Musicoterapia clínica". Poco ayudan, además, los cada vez más numerosos ejemplos de intrusismo o mala praxis. Esto ha llevado ya a algunos profesionales a demandar una regulación efectiva.
Carles Pérez, profesional del Instituto de Terapias Globales de Bilbao, está especializado en TEA y enfermedades de baja prevalencia. En su día dirigió un proyecto de investigación con niños diagnosticados con Síndrome de Sanfilippo en Bizkaia. En él participaron Araitz, Ixone y Unai -hijos de la bilbaína Naiara García de Andoin- con los que mantiene su cita semanal.