Gran parte de la oscuridad que experimentamos en el plano físico es el resultado de nuestra creencia en la separación. Creemos que somos individuos distintos y separados unos de otros, y del Espíritu. Creemos, como dijo el ángel, que somos nuestros cuerpos físicos. Esta ilusión es necesaria para que las encarnaciones físicas nos proporcionen lecciones ricas en crecimiento espiritual. Si no percibiéramos separación, la vida carecería de la gravedad necesaria para ser nuestra maestra, y nosotros careceríamos de la motivación que necesitamos para ser sus pupilos.