No estoy exagerando, si vocifero mi pasión por tí a los cuatro vientos, pero te amo.
No exagero cuando digo que te amo, porque te amo, no por la calentura de mi piel, sino por el dulce movimiento de tus labios.
No exagero cuando digo que mi vida entera quiero pasarla contigo, ya me gasté la mitad tratando de encontrarte, eres mi destino.
Me angustia no saber de ti, que un día tal vez no pueda verte, sentirte, nuestra historia ya tiene larga data, entre idas y venidas, entre tus ocurrencias y mis gemidos, oh sólo Dios sabe cuántos latidos, no pude llevar la cuenta ¿tampoco tú? o es que no te has decidido.
Sí, puede parecer un capricho, por la forma en que suspiro cuando te miro, me arde el pecho, sí, es lo que sospecho. Es tan real amarte, que la distancia es un punto y aparte. Cuando tu mirada se encuentra con la mía, la magia me envuelve y cicatrizan todas mis heridas.
Te amo, te amo como los amantes de antes, con lluvia y mariposas, con caminatas y palabras mudas que caen como gotas de agua sobre el carbón hirviendo, tomados de la mano, recostados sobre el jardín del Edén, ese tan sólo nuestro que dibujamos con pinceles y suaves tonos de acuarela. Dónde nos prometimos los astros y todas las constelaciones.
Si ser tuya implica tiempo, estoy dispuesta a verlo pasar junto a tí, y escudriñar todas tus estaciones, quiero abrazarte, mucho más cuando el invierno pretenda hacer de las suyas, besarte allí; donde el sur muestra su mejor escenario, bailar la danza del vientre, que tu y yo estemos juntos por siempre, contemplando el firmamento, soñando, corriendo frente a las olas del mar, jugando a ser niños. Después, sólo después que el ocaso nos lleve como espumas a ultramar.