Érase una vez dos niñas que querían comunicar, compartir con otras personas aquello que les inquietaba y sentían, pero no se atrevían porque les habían dicho que las niñas buenas estaban quietecitas en su sitio y no hablaban de más.
Érase una vez dos mujeres sanando sus heridas y sintiéndose libres de hacer aquello que les movía.
¿Qué juicios ajenos han repercutido en tu vida?