El Getsemaní no fue sólo un evento trágico o un drama. El Getsemaní fue una batalla. Fue el campo de batalla de la eternidad. Y el conflicto implicaba a ti y a mí.
Nosotros podemos apreciar apenas débilmente la inexpresable angustia que sintió el amado Hijo de Dios en el Getsemaní, al comprender que, como consecuencia de llevar el pecado del hombre, se separaría de Dios. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado.” (2 Corintios 5:21). Es decir, Dios lo trató como si hubiera sido pecador, aunque él no lo era.