Con el presupuesto ya aprobado, el panorama económico no invita al optimismo. El Gobierno terminó haciendo un ajuste fiscal, aunque en campaña se había dicho que no habría suba de impuestos. El ajuste no vino por bajar el gasto que incluso aumentó sino por el lado de más carga impositiva, con recaudación incierta.
El déficit sigue alto y no hubo una reforma estructural del Estado. Al mismo tiempo, se proyecta crecer fuerte, pero con niveles de inversión bajos y señales laborales que generan incertidumbre y mayores costos para las empresas.
El ajuste más exigente quedó para el final del período, algo que históricamente casi nunca ocurre. Y en economía, las expectativas son clave: si no hay confianza en que el rumbo fiscal se corregirá, la inversión no llega.
En definitiva, el presupuesto deja más preguntas que certezas sobre el futuro económico del país. La economía no cree en discursos cree en números. Y los números, hoy, no cierran.