La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos volvió a poner en el centro la fortaleza americana como eje del orden internacional. El llamado "Corolario Trump" plantea una política exterior más directa y pragmática, donde la defensa de los intereses nacionales, la disuasión militar y el control de amenazas externas pasan a ser prioridades absolutas.
Bajo esta visión, Estados Unidos deja de actuar como garante global para enfocarse en proteger su seguridad, su economía y sus fronteras, enviando un mensaje claro: la estabilidad internacional depende, primero, de una nación fuerte hacia adentro. Este giro marca un cambio profundo en la política global y redefine alianzas, equilibrios de poder y reglas de juego en el escenario internacional.