Muchos celebran el nacimiento de un niño en un pesebre, pero pocos reconocen el nacimiento del Rey de reyes y Señor de señores. En este episodio recordamos, a la luz de la Palabra, que Jesús no vino solo a ser admirado, sino a reinar.
Desde los magos que se postraron hasta Simeón y Ana que esperaban la promesa, vemos que aquellos con hambre espiritual reconocieron al Rey. Hoy la iglesia es llamada no a vivir una religión, sino a rendirse bajo la autoridad de Cristo, porque toda potestad le pertenece a Él.
Este mensaje es un llamado congregacional a examinar el corazón, a dejar que Jesús gobierne cada área de nuestra vida y a declarar con fe que Jesucristo es Rey hoy y por la eternidad.
"Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla…” (Filipenses 2:10)
Escucha, adora y rinde el trono de tu vida al Rey eterno.