La intimidad que propicia el compartir un idioma en tierra extraña, donde una de las partes está en franca desventaja al no entender la lengua y la otra, se erige como soporte, refugio y a veces, aunque no esté en el contrato, defensora.
Nuria Mendoza, médico sevillana, lleva años trabajando como traductora en los servicios médicos de Nueva York. Su papel es hacer de intérprete entre los enfermos latinos y los médicos y enfermeras. Su trabajo es traducir, trasladar, al pie de la letra lo que unos y otros dicen, pero... Pero a veces Nuria no puede quedarse al margen.
Ahora, comparte con nosotros anécdotas de esos años acompañando a enfermos y familiares, conviviendo con la enfermedad y la muerte, aprendiendo giros y expresiones de cada uno de los países en los que el castellano es tan distinto, intentando que en una frase en la que hay una sentencia sea, al escucharla en tu propio idioma, un poquito más humano. Un libro inolvidable.