El apóstol Pedro experimentó su propia forma de fracaso. Declaró con audacia que seguiría leal a Jesús, aun hasta prisión o la muerte. Pero después lloró amargamente tras haber negado conocerlo. Pero Dios tenía planes más allá de ese fracaso.
El apóstol Pedro experimentó su propia forma de fracaso. Declaró con audacia que seguiría leal a Jesús, aun hasta prisión o la muerte. Pero después lloró amargamente tras haber negado conocerlo. Pero Dios tenía planes más allá de ese fracaso.