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Anoche me quedé dormida alrededor de las once pero desperté poco después de medianoche.
En lugar de descansar, la memoria me encontró.
Mi mente volvió a hace diez años, a una habitación de hospital en una noche muy parecida a esta, donde le cantaba canciones de adoración en español a mi madre.
Recuerdo haber querido que ella supiera, que supiera de verdad, que “los muros caen, y con ellos las cadenas”, que “Su fidelidad es grande, Su fidelidad incomparable es” “Dios ha sido bueno”, que “Dios ha sido bueno”.
Cuando me desperté esta noche, el recuerdo no trajo tristeza.
Trajo visión.
Trajo la serena certeza de que diez años después, todavía estoy aquí.
Todavía alabando.
Todavía creyendo.
Todavía aferrándome a la misma verdad que llenó esa oscura habitación de hospital en 2016.
Mucho ha cambiado en una década.
El tiempo ha avanzado, como siempre.
La vida se ha desarrollado de maneras que nunca hubiera podido predecir.
Sin embargo, lo más importante sigue siendo:
La alabanza permanece.
La fe permanece.
ÉL permanece.
Hay algo sagrado en reconocer que la alabanza no fue temporal.
No nació de un momento fugaz. Se convirtió en parte de tu fundación.
Despertar después de medianoche no fue un accidente; fue un recordatorio.
Un recordatorio de que las canciones que cantamos no desaparecieron en el silencio.
Un recordatorio de que la fidelidad de Dios no terminó cuando mi madre fue al cielo, el lugar más real de todos.
Un recordatorio de que la misma presencia que nos recibió allí todavía me encuentra aquí.
Este no es un recuerdo para llorar.
Es un recuerdo para atesorar 💜
BW
By Berta P. WeyenbergAnoche me quedé dormida alrededor de las once pero desperté poco después de medianoche.
En lugar de descansar, la memoria me encontró.
Mi mente volvió a hace diez años, a una habitación de hospital en una noche muy parecida a esta, donde le cantaba canciones de adoración en español a mi madre.
Recuerdo haber querido que ella supiera, que supiera de verdad, que “los muros caen, y con ellos las cadenas”, que “Su fidelidad es grande, Su fidelidad incomparable es” “Dios ha sido bueno”, que “Dios ha sido bueno”.
Cuando me desperté esta noche, el recuerdo no trajo tristeza.
Trajo visión.
Trajo la serena certeza de que diez años después, todavía estoy aquí.
Todavía alabando.
Todavía creyendo.
Todavía aferrándome a la misma verdad que llenó esa oscura habitación de hospital en 2016.
Mucho ha cambiado en una década.
El tiempo ha avanzado, como siempre.
La vida se ha desarrollado de maneras que nunca hubiera podido predecir.
Sin embargo, lo más importante sigue siendo:
La alabanza permanece.
La fe permanece.
ÉL permanece.
Hay algo sagrado en reconocer que la alabanza no fue temporal.
No nació de un momento fugaz. Se convirtió en parte de tu fundación.
Despertar después de medianoche no fue un accidente; fue un recordatorio.
Un recordatorio de que las canciones que cantamos no desaparecieron en el silencio.
Un recordatorio de que la fidelidad de Dios no terminó cuando mi madre fue al cielo, el lugar más real de todos.
Un recordatorio de que la misma presencia que nos recibió allí todavía me encuentra aquí.
Este no es un recuerdo para llorar.
Es un recuerdo para atesorar 💜
BW