Kristoff Salmaz

La carta.


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Esta carta la encontré ayer, mientras caminaba por la calle. Me llamó la atención el ver la letra cuidadosa de una mujer.
Hecha una pelota de sentimientos, estaba salpicada de lágrimas, de dolor, de un sentimiento callado, carcomido por la angustia y la necesidad de seguir mintiendo. La recogí, curioso, pero me olvidé de ella hasta la hora en que vacié mis bolsillos para sacar las llaves de mi casa. Me rompí al leerla. El dolor lo escuché de viva voz en esas letras llenas emocionadas, tristes. Muertas.
Aquí el texto. Aquí la historia de un dolor enorme en unos cuantos renglones...
Tengo muchas ganas de llorar... Por desgracia, no puedo hacerlo; y no porque no tenga lágrimas. Por el contrario, siento que se me salen solas, y ni pensar en decir nada. Ya no sé si es dolor, impotencia, frustración o todo junto. No sé con quién hablar; las niñas ya están acostadas y tengo puesta la televisión para que no me escuchen si se me rompe el nudo en la garganta, ese nudo que me ahoga y me hace guardar silencio. Por eso es que escribo esto y me lo trago.
Una vez más, me llamas para decirme que tuviste que quedarte en el trabajo, que son horas extras, que tu supervisor dijo, que no sé qué tantas y tantas cosas. Ya lo único que pude decirte fue un "cuídate", suavecito, como el susurro que me regala el viento entre mis ventanas aún abiertas. Recordé que hoy íbamos a salir a ver al padre de la parroquia para ver lo del bautizo de la bebé, y tuve la osadía de llamar a tu trabajo para decirte que no te preocuparas, que yo iba, que no había problema; en la planta me dijeron que nadie se había quedado a cubrir turnos. -"Señor- dije al encargado de la vigilancia-, debe de ser un error, porque mi esposo me dijo que ..." Mejor colgué el teléfono. ¿Para qué discutir con alguien que ni siquiera tiene nada que ver, que nada sabe?
Tengo ganas de ir a verte pero no sé a dónde, de irte a buscar para ponerte en vergüenza en frente de la vieja esa con quien estás y darte un bofetón que... Pero no sé en dónde estás. ¿A qué me expongo, a qué expongo a las niñas dejándolas solas? Ni pensar en decirle a la vecina de enfrente, con eso de que sus hijos son bien rateros.
Mejor no, mejor te espero, a ver con qué me vas a salir ahora; que tienes mucho sueño, que estás muy cansado, que te sientes mal, que quién sabe qué mentiras más. Otra vez, me voy a quedar despierta a esperarte y, en lugar de cachetearte, voy a volver a abrazarte en cuanto te metas a la cama, en cuanto me des la espalda, y voy a volver a decirte como siempre, "qué bueno que llegaste", para no pelear. De todas formas, vas a negarlo todo...
Ya me siento un poco mejor. De todos modos, tengo ganas de llorar y te voy a decir que lloro porque estoy feliz, porque me casé con el mejor hombre del mundo.
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