A lo largo de la historia de la civilización y en la mayoría de culturas han habido situaciones que son siempre señaladas como algo negativo dentro de la sociedad.
En ocasiones se censuraba a aquellos niños que nacían con algún defecto físico. En otras se rechazaba a las hijas y se prefería a los hijos varones. Habían también culturas que estigmatizaban a los hombres que quedaban solteros. Otros repudiaban a las viudas o a los hijos nacidos fuera del matrimonio. En fin, la discriminación a causa de las diferencias naturales o circunstanciales siempre ha existido a través de toda la historia de la humanidad.
Hoy llama mi atención que una de estas manchas de la sociedad eran, dentro del pueblo de Israel, las mujeres que no podían dar a luz hijos. Estas mujeres fueron muy señaladas y duramente criticadas dentro de su sociedad y, a causa de esto, dichas mujeres llevaban un peso de menosprecio dentro de su corazón, a tal grado que aún en el relato bíblico podemos ver a muchas de ellas sufriendo por motivo de su esterilidad.
Este era precisamente el caso de la mujer de Manoa, de la cual por cierto no se sabe el nombre. Pero que sí lo describe el escritor bíblico al referirse a ella como una mujer que no había podido tener hijos. Y es sumamente interesante ver que en la narrativa bíblica el escritor del libro de los Jueces utiliza la palabra AQAR para referirse a la condición de la esposa de Manoa; término que en su concepción más amplia sugiere una situación, no solamente de infertilidad, sino también de falta de productividad, de miseria, de incapacidad o inutilidad.
LA BIBLIA COMO NUNCA LA IMAGINABAS