Algunas leyes dentro del pueblo de Israel pueden sonar un poco confusas, a veces incomprensibles y en ocasiones extrañas. Tal el caso de aquella normativa que se describe en el capítulo 25 del libro de Deuteronomio, en donde al hermano de un difunto se le designa como sucesor para levantarle descendencia. Esta era conocida como la ley del levirato. Algo poco usual dentro del pueblo de Israel pero que se aplicó un par de veces en el relato bíblico.
Lo inexplicable de este mandamiento era que, al momento en el que el hermano se negaba a cumplir con lo que esta ley establecía, la viuda se presentaba delante de los ancianos y les decía: “mi cuñado no quiere cumplir conmigo su deber de cuñado” a lo cual, los ancianos lo llamaban y trataban de reconvenirlo; sin embargo, si él insistía en no casarse con ella, la mujer debía quitarle una sandalia del pie y escupirle en la cara diciéndole: “así se hace con el hombre que no quiere dar descendencia a su hermano”. De ahí en adelante, la familia de aquel hombre sería conocida en Israel como “La casa del de la sandalia quitada”.
El que una casa fuera conocida de esa manera, no representaba de ninguna manera un nombramiento digno. Muy por el contrario, ese título era como una mancha al buen nombre que una casa pudiera tener. El ser conocida una casa como La Casa Del De La Sandalia Quitada era una vergüenza dentro del pueblo de Israel. Nadie hubiese querido llevar ese apelativo. Era deshonroso y humillante.
LA BIBLIA DESDE UNA PERSPECTIVA DISTINTA