En el relato del segundo libro de Reyes capítulo 4 y versículo 8 dice que un día pasaba Eliseo por Sunem, en donde había una mujer distinguida. Esta mujer persuadió a Eliseo a que comiera en su casa. De allí en adelante, siempre que el profeta pasaba por ese lugar comía en casa de esa mujer.
La historia dice que esta mujer, siendo una persona muy acaudalada, pidió a su marido que la dejara construirle una pequeña habitación al profeta, pues ella veía que Eliseo era un santo hombre de Dios.
El relato bíblico continúa diciendo que efectivamente el marido de esta mujer accedió a construir esa habitación en donde Eliseo, cada vez que llegaba por ese lugar, podía tener un poco de privacidad y también comodidad para realizar los menesteres propios de su oficio profético.
Tal parece que Sunem era un lugar muy tranquilo y apacible, pues no solamente era frecuentado por el profeta, sino que esta familia había logrado alcanzar una posición importante y próspera dentro de los territorios de Israel.
Sin embargo, no siempre fue tan placentera la vida en Sunem. Este territorio había sido escenario, en muchas ocasiones, de encarnizadas batallas entre los ejércitos de los filisteos y los ejércitos de Israel. Muchos soldados habían muerto en ese lugar. Reyes habían perdido la vida en medio de cruentas luchas por el dominio de ese territorio.
En este momento Sunem era una tierra próspera, pero no siempre fue así. La prosperidad y abundancia de la que se gozaba se había logrado luego de arduas batallas.
LA BIBLIA DESDE UNA PERSPECTIVA ASOMBROSA