La espiritualidad también depende de los lugares que se habitan y se visitan. Cuando se está en espacios como la Catedral de Sal de Zipaquirá, Cundinamarca, una maravilla reconocida por locales y extranjeros, se siente una conexión ancestral con la fe de miles de humanos, que han decido explorar la oscuridad de una montaña para erigir un imponente altar entre pasadizos y cuevas.