El oxígeno es esencial para la vida- una absoluta necesidad para la sangre, los tejidos, y para
cada célula de nuestro cuerpo. Llevamos el oxígeno a nuestros pulmones, los que utilizan esta
sustancia vital para purificar la sangre. La sangre vitalizada y "oxigenada" fluye entonces hacia el
corazón, el cual la bombea al resto del cuerpo.
Si bien el corazón y los pulmones cumplen las funciones críticas de la vida a un nivel físico,
su tarea es igualmente crucial a nivel espiritual. Y tal como están estructurados físicamente para
trabajar en conjunto, también son interdependiente s espiritualmente, tal como veremos. Nuestro
estudio del sistema circulatorio comenzará con una breve descripción de cómo se conforman y
cómo funcionan estos órganos. (La corriente sanguínea, parte integral del sistema circulatorio, ya
fue tratada más arriba, en el Capítulo 9).
Los pulmones son dos órganos diferenciados compuestos de masas de tejido esponjoso,
albergados en el tórax o cavidad del pecho. El pulmón izquierdo es más pequeño que el derecho
(dejando lugar al corazón, que yace hacia la izquierda, entre los dos pulmones). Cada pulmón está
dividido en lóbulos (secciones); el pulmón derecho tiene tres lóbulos y el izquierdo tiene dos. Los
pulmones ingresan el aire fresco para darle oxígeno a todo el sistema, eliminando a la vez el dióxido
de carbono, un producto de desecho. Los canales de aire están conectados a la faringe, que se
extiende hacia la tráquea, ramificándose en los bronquios. A través de éstos, el oxígeno pasa hacia
los pulmones. Allí la sangre toma el oxígeno y lo lleva hacia el corazón, donde es bombeado al resto
del cuerpo