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Una chimenea obtiene su calor de muchos leños, pero no todos los leños son iguales.
Algunos son largos, otros cortos, algunos gruesos, otros delgados, pero cuando están secos y listos, cada uno libera el calor que está destinado a dar.
Incluso cuando no podemos medir la luz que nuestra presencia aporta, ni sentir el calor que irradia nuestra actitud, hay un poder silencioso en el simple hecho de estar preparados.
Cuando elegimos humildemente unirnos al resto de los leños, muchos desconocidos para nosotros, muchos provenientes de árboles diferentes, nos convertimos en parte de un fuego mayor, una constelación de llamas, cada una aportando su chispa al resplandor, cada calor invisible dando forma al conjunto.
Al igual que los leños, cada uno de nosotros es único, nuestras etapas de la vida son diferentes, nuestros dones también se forjan en fuegos distintos, pero cuando estamos preparados, cuando nuestros corazones están maduros y listos, podemos dar luz, podemos dar calor y podemos inspirar a otros en maneras que quizás nunca lleguemos a comprender del todo.
Dar luz no significa brillar en solitario, sino unirse al fuego.
By Berta P. WeyenbergUna chimenea obtiene su calor de muchos leños, pero no todos los leños son iguales.
Algunos son largos, otros cortos, algunos gruesos, otros delgados, pero cuando están secos y listos, cada uno libera el calor que está destinado a dar.
Incluso cuando no podemos medir la luz que nuestra presencia aporta, ni sentir el calor que irradia nuestra actitud, hay un poder silencioso en el simple hecho de estar preparados.
Cuando elegimos humildemente unirnos al resto de los leños, muchos desconocidos para nosotros, muchos provenientes de árboles diferentes, nos convertimos en parte de un fuego mayor, una constelación de llamas, cada una aportando su chispa al resplandor, cada calor invisible dando forma al conjunto.
Al igual que los leños, cada uno de nosotros es único, nuestras etapas de la vida son diferentes, nuestros dones también se forjan en fuegos distintos, pero cuando estamos preparados, cuando nuestros corazones están maduros y listos, podemos dar luz, podemos dar calor y podemos inspirar a otros en maneras que quizás nunca lleguemos a comprender del todo.
Dar luz no significa brillar en solitario, sino unirse al fuego.