En nuestra clavada telefónica llamamos a un hombre para informarle, muy seriamente, que no podía abordar ni comerse su pan con bistec durante el vuelo por el fuerte olor a cebolla que estaba afectando a otros pasajeros. Entre supuestas reglas de la aerolínea, amenazas de confiscarle el sándwich y un intercambio de lo más cómico, la víctima defendió su pan con uñas y dientes. ¡Una llamada llena de risas, confusión y mucho sabor cubano!
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