La familia atraviesa hoy una de sus crisis más profundas.
No por falta de amor, sino por haber perdido su fundamento.
En esta reflexión, a la luz de la Fiesta de la Sagrada Familia, descubrimos una verdad olvidada pero esencial:
La unidad de la familia nace de la obediencia confiada a Dios.
La Sagrada Familia de Nazaret no fue perfecta ni idealizada.
Fue una familia real, marcada por decisiones difíciles, incertidumbre y sacrificio, pero sostenida por algo que hoy muchos hogares han dejado de lado: escuchar y obedecer la Palabra de Dios.