Pero el oyente no entiende. El hombre no acepta que él es sólo el guardián de la creación, y no el amo. Los viñadores se niegan a pagar el alquiler, asumen el derecho de considerar como suyo algo que no es suyo. Sí, el hijo será asesinado fuera de la ciudad. Pero el dueño no enviará un ejército para arrasarlo todo como invocan los fariseos desprevenidos, sino que irá hasta el final, mostrando su verdadero rostro.