Toda la ropa de teatro y calle de “La González”, su ama, la confeccionaba una costurera, Doña Juana, con la ayuda de su joven hija, Inés. Gabriel tenía como una sus tareas, la de acudir con regularidad a a la vivienda-taller para llevar y recoger los vestidos.
Con las mujeres vivía Don Celestino del Malvar, hermano del difunto marido de Doña Juana. Sacerdote que llevaba un buen número de años esperando que su paisano Godoy le asignase una canonjía, que mejoraría la vida de la familia.
Mientras tanto y esperando “la semana que viene” el padre Celestino, pasaba el tiempo tocando la flauta, haciendo versos latinos, o consumiendo tinta y papel en larguísimos memoriales.