Estamos en un tiempo de gracia que culmina en Pentecostés. El Espíritu Santo nos va preparando con la práctica de la oración, el ayuno y la limosna. La oración nos centra en el amor infinito de Dios a cada uno de nosotro, la limosna nos enseña a descubrir la misericordia, el ayuno nos enseña a renunciar a nuestros apegos.