En la degradación del periodismo también hay unas causas exógenas, fruto del nuevo modelo comunicativo instantáneo que impone la tecnología, que convierte al receptor en un prosumer que elabora y difunde contenidos. Un cambio radical que acaba con el control patrimonial por los medios convencionales sobre lo qué es y no noticia; y lo que puede o no difundirse a la ciudadanía. Una exclusiva que ahora debe compartir y les obliga a un inapelable cambio en el modelo de negocio y ejercicio del periodismo. Reconversión que atenaza a los empresarios mediáticos incapaces de atisbar que el sentido del cambio, rompe con el concepto tradicional del medio como compendio enciclopédico de informaciones de origen diverso. Incapaces de comprender que el usuario busca ahora en la red información específica acorde con sus intereses; porque la generalista la obtiene ya a través de las redes sociales en las que interactúa. Una incomprensión que les lleva a duplicar en la red el viejo modelo de negocio, exigiendo doble trabajo a sus profesionales que se ven obligados al corta y pega que genera información basura que nos come y hace inviable el negocio, al no comprender que la manera de informar e informarse ahora es ya otra.