En una entrevista publicada por The Guardian en 2016, la escritora británica Matt Haig describió así su primer episodio depresivo a los 24 años:
“No podía moverme. No porque estuviera cansado, sino porque sentía que cualquier movimiento requería una energía que ya no poseía. Me quedaba en la cama mirando el techo, pensando que si me levantaba, el suelo se abriría y me tragaría. No era tristeza. Era como si el mundo hubiera perdido color, sabor, sonido… como si estuviera viendo la vida a través de un cristal empañado.”