Deshacemos este error tan común y tan poco reconocido. La envida oscila entre la falta de autoestima y la sensación de escasez y el exceso de autocomplacencia y la sensación de separación. Aprendamos a valorarnos en justa medida y de ese modo, valoraremos al otro, desterrando la necesidad enfermiza de comparar y competir, para aprender a compenetrar y a compartir.