Demasiado seguido somos tentados a ser deshonestos, a mentir, a la lujuria o a tratar a los demás injustamente. Vencer estas tentaciones es una lucha; por eso Pablo habla de una coraza y casco espirituales necesarios para defendernos y luchar contra el pecado. Pablo dice que la esperanza de salvación es como un casco; esta esperanza nos da fortaleza emocional para negarnos a los placeres temporales del pecado.