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PADRE GUSTAVO GODINEZ
Mateo 8, 5–17
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le suplicó:
“Señor, mi criado está en casa paralítico y sufre terriblemente.”
Jesús le dijo:
“Iré a curarlo.”
Pero el centurión respondió:
“Señor, no soy digno de que entres en mi casa;
basta que digas una sola palabra
y mi criado quedará sano.
Porque también yo soy un hombre sujeto a autoridad,
y tengo soldados a mis órdenes.”
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo:
“En verdad les digo que no he encontrado en Israel una fe tan grande.”
Y el criado quedó sano en aquel momento.
Después, Jesús fue a la casa de Pedro.
Vio a la suegra de Pedro en cama con fiebre;
le tocó la mano, y la fiebre la dejó.
Al atardecer le llevaron muchos enfermos y endemoniados;
Jesús los curó a todos.
Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías:
“Él tomó nuestras enfermedades
y cargó con nuestros dolores.”
By Piedras VivasPADRE GUSTAVO GODINEZ
Mateo 8, 5–17
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le suplicó:
“Señor, mi criado está en casa paralítico y sufre terriblemente.”
Jesús le dijo:
“Iré a curarlo.”
Pero el centurión respondió:
“Señor, no soy digno de que entres en mi casa;
basta que digas una sola palabra
y mi criado quedará sano.
Porque también yo soy un hombre sujeto a autoridad,
y tengo soldados a mis órdenes.”
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo:
“En verdad les digo que no he encontrado en Israel una fe tan grande.”
Y el criado quedó sano en aquel momento.
Después, Jesús fue a la casa de Pedro.
Vio a la suegra de Pedro en cama con fiebre;
le tocó la mano, y la fiebre la dejó.
Al atardecer le llevaron muchos enfermos y endemoniados;
Jesús los curó a todos.
Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías:
“Él tomó nuestras enfermedades
y cargó con nuestros dolores.”