PADRE DIEGO PAEZ
Mateo 14, 22–36
Después de despedir a la multitud, Jesús obligó a sus discípulos a subir a la barca y adelantarse a la otra orilla.
Él subió al monte para orar.
Mientras tanto, la barca era sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
Al amanecer, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo, se llenaron de miedo y dijeron:
“¡Es un fantasma!”
Pero Jesús les habló enseguida:
“Ánimo, soy yo. No tengan miedo.”
Pedro le respondió:
“Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti caminando sobre el agua.”
Jesús le dijo:
“Ven.”
Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús.
Pero al sentir la fuerza del viento, tuvo miedo y empezó a hundirse.
Entonces gritó:
“¡Señor, sálvame!”
Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo:
“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”
Cuando subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron diciendo:
“Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.”
Al llegar a tierra, la gente reconoció a Jesús y le llevaron a todos los enfermos.
Le rogaban que los dejara tocar siquiera el borde de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron sanos.