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PADRE DIEGO PAEZ
Mateo 17, 1-9
Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, y los llevó aparte a un monte alto.
Ahí, delante de ellos, su apariencia cambió completamente:
su rostro comenzó a brillar como el sol,
y su ropa se volvió blanca, resplandeciente, como si estuviera hecha de luz.
De pronto, aparecieron Moisés y Elías hablando con Él.
Pedro, impresionado y sin saber bien qué decir, exclamó:
“Señor, ¡qué bueno que estamos aquí!
Si quieres, hacemos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.”
Mientras todavía estaba hablando, una nube luminosa los cubrió,
y desde la nube se escuchó una voz que decía:
“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.
Escúchenlo.”
Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de miedo.
Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo:
“Levántense. No tengan miedo.”
Cuando alzaron la mirada, ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Él les ordenó:
“No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.”
By Piedras VivasPADRE DIEGO PAEZ
Mateo 17, 1-9
Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, y los llevó aparte a un monte alto.
Ahí, delante de ellos, su apariencia cambió completamente:
su rostro comenzó a brillar como el sol,
y su ropa se volvió blanca, resplandeciente, como si estuviera hecha de luz.
De pronto, aparecieron Moisés y Elías hablando con Él.
Pedro, impresionado y sin saber bien qué decir, exclamó:
“Señor, ¡qué bueno que estamos aquí!
Si quieres, hacemos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.”
Mientras todavía estaba hablando, una nube luminosa los cubrió,
y desde la nube se escuchó una voz que decía:
“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.
Escúchenlo.”
Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de miedo.
Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo:
“Levántense. No tengan miedo.”
Cuando alzaron la mirada, ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Él les ordenó:
“No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.”