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PADRE JOHN KENNY
Lucas 9, 7–9
Herodes, el tetrarca, se enteró de todo lo que estaba sucediendo y no sabía qué pensar.
Algunos decían que Juan había resucitado.
Otros, que había aparecido Elías.
Otros, que había resucitado alguno de los antiguos profetas.
Herodes decía:
—A Juan yo lo mandé decapitar. Entonces, ¿quién es este de quien escucho tantas cosas?
Y buscaba la manera de ver a Jesús.
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Lucas 9, 1–6
Jesús reúne a los Doce y les da poder y autoridad sobre los demonios y para curar enfermedades.
Después los envía a anunciar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos.
Les dice:
“No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni una túnica de repuesto.”
Cuando entren en una casa, quédense allí hasta que se marchen.
Y si en algún lugar no los reciben, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies.
Ellos se fueron y recorrieron los pueblos anunciando el Evangelio y curando por todas partes.
PADRE DIEGO PAEZ
Lucas 8, 19–21
La madre y los hermanos de Jesús fueron a buscarlo, pero no podían acercarse a Él por la cantidad de gente.
Alguien le avisó:
—Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte.
Jesús respondió:
—Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica.
PADRE JESUS MORA
Mateo 9, 9–13
Jesús pasa junto a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba impuestos.
Jesús le dice:
—Sígueme.
Mateo se levanta y lo sigue.
Más tarde, mientras Jesús estaba comiendo en casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Él y sus discípulos.
Al verlo, los fariseos preguntaron:
—¿Por qué su maestro come con publicanos y pecadores?
Jesús les respondió:
—No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
PADRE JOHN KENNY
Mateo 20, 1–16
Jesús cuenta que el Reino de los cielos se parece a un propietario que salió muy temprano a contratar trabajadores para su viña.
A lo largo del día fue llamando a más trabajadores: unos a media mañana, otros al mediodía y otros incluso cuando faltaba poco para terminar.
Al llegar la tarde, comenzó a pagarles a todos lo mismo.
Los que habían trabajado desde temprano comenzaron a reclamar:
—Nosotros hemos soportado todo el día el trabajo y el calor, ¿y nos das lo mismo que a los que trabajaron solamente una hora?
El dueño respondió:
—Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No habíamos acordado el salario? ¿No puedo hacer con mis bienes lo que quiero? ¿O vas a tener envidia porque soy bueno?
Y Jesús concluye:
“Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.”
PADRE JOHN KENNY
Lucas 8, 4–15
Jesús cuenta una parábola:
Un sembrador salió a sembrar. Una parte de la semilla cayó al borde del camino y fue pisada y comida por los pájaros. Otra cayó sobre piedras; brotó, pero se secó por falta de humedad. Otra cayó entre espinas, que crecieron junto con ella y la ahogaron.
Pero otra parte cayó en tierra buena, creció y dio fruto abundante.
Jesús explica que la semilla es la Palabra de Dios.
La que cae al borde del camino representa a quienes escuchan, pero el Maligno les arrebata la Palabra.
La que cae entre piedras representa a quienes reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíces y abandonan cuando llega la dificultad.
La que cae entre espinas representa a quienes escuchan, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres terminan ahogando la Palabra.
Y la que cae en tierra buena representa a quienes escuchan la Palabra, la conservan en un corazón bueno y perseveran hasta dar fruto.
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Lucas 8, 1–3
Jesús recorría ciudades y pueblos anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios.
Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido liberadas de enfermedades y espíritus malos.
Entre ellas estaban María Magdalena, Juana, Susana y muchas otras.
Ellas ayudaban a Jesús y a sus discípulos con sus propios bienes.
PADRE DIEGO PAEZ
Lucas 7, 36–50
Un fariseo llamado Simón invita a Jesús a comer a su casa.
Entra una mujer conocida en la ciudad como pecadora. Se acerca a Jesús, se pone a sus pies llorando, los baña con sus lágrimas, los seca con sus cabellos, los besa y los unge con perfume.
Simón piensa para sí:
“Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando.”
Jesús, conociendo sus pensamientos, le cuenta la historia de dos personas a quienes se les perdonó una deuda. Una debía mucho y la otra poco.
—¿Quién de los dos lo amará más? —pregunta Jesús.
Simón responde:
—Supongo que aquel a quien se le perdonó más.
Jesús le dice que ha respondido correctamente.
Entonces se vuelve hacia la mujer y dice:
“Sus muchos pecados le han sido perdonados, porque ha amado mucho.”
Y a ella le dice:
“Tu fe te ha salvado. Vete en paz.”
PADRE JESUS MORA
Lucas 7, 31–35
Jesús dijo:
“¿Con quién compararé a los hombres de esta generación?
¿A quién se parecen?
Se parecen a unos niños sentados en la plaza que se gritan unos a otros:
‘Tocamos la flauta y ustedes no bailaron;
cantamos canciones tristes y ustedes no lloraron.’
Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y ustedes dicen:
‘Tiene un demonio.’
Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen:
‘Ahí tienen a un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.’
Pero la sabiduría queda acreditada por todos sus hijos.”
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Juan 19, 25–27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver Jesús a su madre y junto a ella al discípulo que amaba, dijo a su madre:
“Mujer, ahí tienes a tu hijo.”
Después dijo al discípulo:
“Ahí tienes a tu madre.”
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
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