Padre Diego Paez
Mateo 6, 1–6.16–18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos;
de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres.
En verdad les digo que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto;
y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Y cuando oren, no sean como los hipócritas, que gustan de orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vean los hombres.
En verdad les digo que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto;
y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan.
En verdad les digo que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que no se note ante los hombres que ayunas, sino ante tu Padre, que está en lo secreto;
y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará»**.