No hay por qué temer, porque la paz de Cristo no es ausencia de problemas, es la certeza de que Él está presente.
Esta paz serena a los apóstoles y los capacita para ser enviados y esto es lo que quiere el Señor este día, que como acto de misericordia compartamos estas buenas noticias, sin miedo y revestidos del Espíritu Santo que es amor, que es el amor de Dios en nosotros.