Hace unos meses, la nostalgia me llevó a abrir el baúl de mis recuerdos de infancia y me di cuenta de un detalle fascinante: la inmensa felicidad de aquellos días en familia estaba irremediablemente unida a una banda sonora muy concreta. Eran las melodías de un grupo que marcó a la generación de mis aitas y que, sin yo saberlo entonces, también se grabaría a fuego en mi memoria a través de cintas de casete y conciertos que hoy son historia viva de Bizkaia. Este fin de semana, ese mismo eco musical regresa a nuestra tierra, demostrando que la música, al igual que los recuerdos, necesita que la mimemos para no desaparecer y para recordarnos, como cantaban ellos mismos, que los días se van. Descubre la historia completa en El Último Acorde.