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Los estudios de Radio Popular - Herri Irratia han recibido a Iñigo Herrera (guitarra) e Ibai Meñaka (teclista), dos de los cinco integrantes de la formación, en el programa El último acorde. El motivo no es otro que su esperado directo de esta misma noche en la mítica sala Bilborock.
El proyecto, que comenzó a gestarse con Endika e Iñigo, fue creciendo poco a poco hasta consolidarse como un quinteto con la incorporación de Jorge, Ander e Ibai. Su cuartel general se encuentra en Urduliz, donde invierten innumerables horas de ensayo. "Al final dicen que el roce hace el cariño, pero yo creo que siempre nos hemos llevado bien, somos muy amigos", confesaba Ibai Meñaka durante la entrevista.
Esa camaradería es fundamental para sobrevivir a las anécdotas de la carretera, algunas de ellas tan extremas como la vivida en su último bolo en Málaga. Tras recorrer la península en un coche de alquiler, sufrieron una aparatosa colisión por alcance a escasas horas de llegar. Lejos de cancelar, y tras una visita obligada al hospital, la banda subió al escenario para cumplir con su público.
El concierto de hoy promete ser una velada muy especial para la escena local. Noran compartirá escenario con Samoa, otra banda potente a la que admiran y con la que aseguran tener una gran sintonía. Lejos de plantear un concierto estático o un monólogo musical, el quinteto busca la interacción constante. Su objetivo es claro: que el público cante, baile y se convierta en parte activa del espectáculo.
Para los que aún no tengan su entrada, la banda ha lanzado un último aviso, garantizando una noche llena de energía, colaboraciones soñadas (y quién sabe si alguna sorpresa) y el mejor pop-rock de la escena vizcaína.
Con la piratería física y digital golpeando duramente al sector, apostar por un álbum de 19 canciones fue un acto de rebeldía pura. La banda zaragozana decidió dar rienda suelta a su creatividad, firmando un trabajo donde las guitarras folk de doce cuerdas convivían con la distorsión, la psicodelia y las letras más comprometidas y viscerales de su carrera.
El título del álbum reflejaba la dualidad de sus creadores —el gato negro asociado a Juan Aguirre y el dragón rojo a Eva Amaral—, dos universos que colisionaban para crear himnos atemporales.
El disco no solo fue un éxito apabullante de ventas (llegando al número uno y consiguiendo el Disco de Platino en su primera semana), sino que dejó en nuestra memoria colectiva temas que hoy son clásicos incontestables. Canciones con la energía arrolladora de Kamikaze o la profundidad melancólica de El blues de la generación perdida demostraron que Amaral era mucho más que una banda de radiofórmula: eran los cronistas de su tiempo.
Hoy, 18 años después de su publicación, Gato negro, dragón rojo sigue sonando tan fresco y contundente como el primer día, recordándonos el inmenso valor de los artistas que se atreven a salir de su zona de confort.
Aunque el universo lírico de Extremoduro siempre orbita en torno al duende indomable de Robe Iniesta y las ingeniosas guitarras sinfónicas de Iñaki "Uoho" Antón, este trabajo no habría alcanzado su estatus de culto sin los pilares rítmicos que sostuvieron sus intrincados pasajes progresivos.
El bajo robusto e inquebrantable de Miguel Colino y la pegada milimétrica de José Ignacio Cantera en la batería construyeron el cimiento de hormigón armado necesario para que las composiciones volaran alto. Juntos, los cuatro músicos operaron como una maquinaria perfecta, fundiendo la costura de la música clásica con el rock transgresivo de asfalto y trinchera.
La estrategia de lanzamiento del cuarteto fue catalogada como un "suicidio comercial" de manual: no concedieron entrevistas, no grabaron videoclips y prohibieron a la discográfica enviar copias promocionales previas a las emisoras de radio. Querían que la música se defendiera sola en los surcos del vinilo.
Y la jugada fue redonda. Guiado por obras de arte descomunales como Desamargo o el desgarrador medio tiempo de Tango suicida, el disco trepó directamente al número uno de las listas de ventas desde su primera semana en las tiendas. Quince años después, el óxido de aquella mítica portada de señales de tráfico sigue brillando como el primer día, recordándonos que las mejores canciones son las que no se venden a las modas.
En Radio Popular hemos tenido el lujo de charlar horas antes del concierto con Diego Pozo, "El Ratón", quien nos ha transmitido la ilusión y la sorpresa de la banda ante la respuesta arrolladora que está teniendo esta gira de regreso.
La idea de volver a juntarse surgió de una manera muy natural al darse cuenta de que se cumplía un cuarto de siglo del disco. Sin embargo, la banda no esperaba encontrarse con el fenómeno que han vivido en las primeras fechas de la gira.
Cualquier homenaje a El sentimiento garrapatero que nos traen las flores debía tener a Migue Benítez como pilar central. Diego nos ha explicado cómo han logrado integrar la figura del añorado vocalista en el espectáculo de una forma profundamente emotiva y respetuosa.
Gracias a la inmensa labor de archivo de su hermano, Manu Benítez, el grupo ha rescatado imágenes y audios inéditos. La puesta en escena está diseñada para que, cuando Migue aparece en pantalla, parezca que está cantando en directo junto al resto de la banda. "Es nuestro hermano, es una parte fundamental y queríamos sentirlo allí con nosotros otra vez", confiesa El Ratón.
La trayectoria de Antonio Vega estuvo marcada por una honestidad brutal, algo que se reflejó en su última actuación en TVE. Interpretando La chica de ayer, el músico madrileño mostró una fragilidad física que, lejos de restarle fuerza, dotó a su himno eterno de una luz espiritual única. Fue su despedida silenciosa de los hogares , un documento histórico donde su voz, ya casi un susurro, seguía siendo capaz de detener el tiempo.
La grandeza del "chico triste y solitario" también se midió por el respeto de sus compañeros. Uno de los momentos más recordados de nuestra música es su colaboración con Amaral en el Estadio Vicente Calderón. Aquella versión de Cómo hablar ante miles de personas demostró la química mágica entre Eva Amaral y el maestro Vega. En un escenario inmenso, ambos lograron crear una atmósfera de intimidad absoluta que hoy sigue emocionando a nuevas generaciones de oyentes.
Para cerrar este viaje sonoro por la vida de Antonio Vega, regresamos a su refugio más personal: El sitio de mi recreo. Esta canción no es solo un éxito comercial, sino el testamento poético de un artista que siempre buscó la paz en medio del caos. Diecisiete años después de su partida, las coordenadas de Antonio siguen vigentes; su música sigue siendo ese lugar seguro al que todos volvemos cuando necesitamos encontrar la belleza.
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