Aleida descubrió que los síntomas de su madre, de tan sólo 60 años, se debían a que sufría de Alzheimer. Al principio ella creyó que debía enfrentar los gastos y cuidados sola, y así obtuvo ayuda económica en forma equivocada. Al saberlo, el doctor la invitó a unirse a la familia cristiana, y así conoció los caminos del Señor.