Carmen alquila una habitación a Rosa, una joven tranquila y discreta.
Al principio todo parece normal.
Pero las fotos empiezan a desaparecer. Las palabras se escapan antes de poder decirlas. Y hay mañanas en que Carmen tarda demasiado en reconocerse en el espejo.
Rosa no ha venido a alquilar una habitación.
Ha venido a quedarse con todo.