Fue una noche como cualquier otra, la del 4 de octubre de 1582. Pero al amanecer, el sol no salió el 5. Ni el 6. Ni el 7. Cuando los habitantes de Italia, España, Francia y Portugal despertaron, era de pronto 15 de octubre. Diez días habían desaparecido. El tiempo, por primera vez, había sido corregido por decreto.